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viernes, 27 de enero de 2012

Sabias y hermosas palabras

Sabias y hermosas palabras
Por A. Pliego

Claude Bernard, considerado el mejor fisiólogo que ha existido, nacido en 1813, es también el fundador de la medicina experimental como la conocemos hoy. Además de sus contribuciones teóricas a la medicina, la biología y la medicina experimental, desde el laboratorio, dilucidó la función del jugo pancreático en la digestión, aisló el glucógeno del hígado y demostró su presencia en los músculos hasta transformarse en ácido láctico, introdujo el concepto de secreción interna, clave para el surgimiento de la endocrinología, entre otros descubrimientos fundamentales. Basta recordar, algunas de sus palabras para comprobar la profunda devoción que sentía hacia la ciencia:

"El deseo ardiente de conocimiento es el único móvil que atrae y sostiene al investigador en sus esfuerzos, y precisamente este conocimiento, que él realmente hace y sin embargo huye siempre por delante de él, es el que constituye a su vez su único tormento y su única felicidad.

El que no conoce las torturas de lo desconocido, debe ignorar las alegrías del descubrimiento, que son ciertamente las más vivas que puede experimentar el espíritu del hombre. Pero por un capricho de nuestra naturaleza, esta alegría del descubrimiento, tan buscada y tan esperada,  se desvanece en cuanto al punto en que es encontrada. No es más que un relámpago cuyo brillo nos ha descubierto nuevos horizontes hacia los cuales nuestra curiosidad insaciada se dirige todavía con mayor ardor. Esto hace que, hasta en la Ciencia, lo conocido pierde su atractivo, mientras que lo desconocido está siempre lleno de encantos.

Por esto es que los espíritus que se elevan y llegan a ser verdaderamente grandes, son los que jamás están satisfechos de sí mismos en sus obras realizadas, sino que tienden a ser siempre mejores en sus obras nuevas".


El día de hoy, la contribución filosófica a la ciencia de Claude Bernard sigue vigente, y tanto estudiantes como defensores asiduos del pensamiento racional se identifican con su obra y descubren que no son los únicos en haber experimentado la mas magnífica de las carencias, la insaciable sed de conocimiento.  



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